Adolescentes
Indicios que tu hija está sufriendo violencia de género y no es consciente
Sabemos que los modos de relación entre los jóvenes han cambiado. Si antes el “amigo o amiga” venía a casa, ahora gran parte de la relación sucede desde los propios móviles, “hablando”, poniéndose likes, escrutando a quien sigue cada uno, viviendo en un universo paralelo del que no resulta fácil rescatarlos para que vuelvan a la convivencia familiar.
Por momentos, como padres, nos encontramos desorientados ante lo inabarcable de estas redes sociales en las que ellos se mueven como peces en el agua. Nosotros nos quedamos a la orilla preguntándonos sobre qué, cuánto y cómo regular ese océano de 24/7.
No me preocupan las redes en sí mismas, creo que es más lo que permiten que lo que perjudican y que siempre se trata del uso que se haga de ellas. Sin embargo, si hablamos de acoso, el daño se magnifica a situaciones inconcebibles hace poco tiempo.
En esta ocasión no me refiero al acoso escolar, sino al de una pareja que se inicia con buenas intenciones, que el chico es de buena familia e incluso nos parece majo porque se nota que la quiere mucho. Pero ¡Ay de ese querer!
Últimamente me estoy encontrando con chicas jóvenes, que poco a poco, sin haberse dado cuenta, se encuentran atrapadas en una relación enloquecedora por el agobio que les supone. Es un amor que rápidamente se convierte en violencia, porque estos jóvenes, y algunos no tanto, no soportan que la chica en cuestión se interese por nada que no tenga que ver con ellos.
Si bien es cierto que esto ha sucedido toda la vida, las redes facilitan ese control. En un inicio pidiéndole fotos que luego comentan lo inadecuado de la ropa que lleva, vigilando qué likes pone, a quien sigue. Desconfían tanto de con quien sale como si se queda en casa a estudiar, geolocalizándola, llegando al extremo, del que me ha tocado ser testigo, de que hackearan su móvil para leer toda su comunicación.
Imaginaros el desconcierto que suscita la sensación de que te leen la mente y adivinan todo lo que has hecho. (Lo mismo les sucede cuando son los padres los que les leen el móvil)
De a poco, aunque hubiera sido una niña echada para adelante, pierde la noción sobre los límites de hasta dónde aguantar, permitir o responder, generándole tanto inquietud como desánimo y cada vez mayor inseguridad.
¿Podemos hacer algo como padres, a sabiendas que en la mayoría de los casos seremos rechazados por nuestra hija, quien considera que no tenemos ni idea de lo que le pasa?
Es cierto que no tenemos idea, y seguramente que ella tampoco, pero es evidente que algo va mal, y observamos que está más nerviosa, irritable, triste o desconcertada.
Cada una reaccionará según su forma de ser, pero es fundamental ser claros con ella, preguntarle qué le sucede, animarla a que hable de sus temores y señalarle las contradicciones a las que se ve expuesta.
Aunque debemos ser cautos, uno puede transformarse en cómplice de esa situación por temor a sus reacciones, por no dar más motivos a discusiones, mantenerse sufriendo a su sombra ante la impotencia que siente.
Pero tengamos presente que estas experiencias se transforman en traumáticas y dejan secuelas en la persona y la imagen de sí mismas que están en etapa de construir.
Por tanto, seré contundente en mi opinión, insistir y tomar medidas, se trata de cuidarla si ella no puede hacerlo, pedir ayuda, rescatarla de las redes de la confusión. Nos rechazará, no querrá escuchar, se aislará incluso de sus amigos, desafiará los límites de nuestra confianza y paciencia, pero será fundamental continuar a su lado y no desistir. Finalmente solo ella podrá decir cortar, pero habrán sido nuestras palabras las que tenga presentes frente al desamparo vivido.
Afortunadamente nos encontramos en una época que difunde la importancia de la igualdad de género, lo que no impide que una chica, incluso la más adelantada a su época, pueda sucumbir a las promesas de un amor único.
Si tú o alguien cercano está viviendo una situación de violencia de género, puedes llamar al 016: es gratuito, confidencial y atiende las 24 horas. En caso de urgencia, llama al 112.
Carolina Barrios, psicóloga en Madrid. Consulta en Aravaca y en Chamberí.