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Adultos

Ser un padre ¿moderno?

Carolina Barrios · Publicado en Sapos y Princesas, julio de 2019

El rol al que están llamado a ocupar los padres hoy en día merece algunas reflexiones, ya que la sociedad contemporánea propone al hombre que se ponga un traje de padre moderno que, si lo pensamos, tiene poco tiempo de confección.

Parecería que a las generaciones anteriores “sabían” cómo educar a un hijo o a una hija. El pater familias tenía que ser un hombre respetable, al que no se podía molestar demasiado, y las demandas sociales se reducían a que tuviera un trabajo que le permitiera sostener económicamente a la familia. El resto era tarea indiscutible de la madre o las abuelas. De manera que los roles estaban claros y bien delimitados, al menos para las familias tradicionales. Lo mismo para el hijo varón o la hija mujer, cada uno sabía a qué modales tenía que atenerse.

Lo que se espera del padre

Los tiempos han cambiado, para bien en muchos aspectos y, por qué no decirlo, para confusión en otros. Los hombres padres son requeridos para realizar a partes iguales las tareas antes reservadas para la madre, sin dejar de responder al papel de autoridad pero … sin levantar la voz, ni perder los papeles.

De manera que, se sigue esperando del padre que haga cumplir las normas a los hijos y lo nuevo sería hacerlo de una determinada manera: dedicando tiempo y paciencia, con palabras de elogios, sin decir tacos y una larga serie de refuerzos positivos que hasta hace poco no eran considerados típicamente masculinos.

Estas expectativas son, como todo lo idealizado, imposibles de conseguir, lo que garantiza frustración tanto a quien lo pretende como a quienes lo esperan, es decir los que conviven con él.

Expectativas que llevan a que muchas noches sean momentos de discusión entre lo que a cada uno le corresponde y no cumple, con consecuencias inmediatas en el caos familiar que, como dice el refrán: A mar revuelto, ganancia de pescadores de Ipad, y una desobediencia generalizada.

Los desafíos generacionales son inevitables, a la vez que necesarios. Esta es la época en la que vivimos y estamos sujetos a los cambios de forma y de fondo al que la sociedad nos empuja. Sin embargo, para no ser arrollados por las exigencias del entorno, es necesario reflexionar sobre las encrucijadas que la paternidad implica, entre el estilo de cada uno versus cómo se “debería” ser.

Igualdad de tareas, diferentes roles

Más allá de las modas, el padre y la madre están llamados a cumplir funciones diferentes dentro de la estructura familiar y es importante distinguir las funciones de los quehaceres domésticos. Una cosa es distribuirse la faena de manera justa para ambos, o como cada familia decida, y otra diferente es el rol que cada uno desempeña en la crianza.

En el caso del padre, este rol está relacionado con lo que se transmite a los hijos, y esto no se consigue a fuerza de repetir reglas, intentar cumplir con ideales, ni dejando hacer a las madres quienes, se supone, que saben más sobre crianza.

¿Cuál es la misión de un padre?

La misión primera de un padre es reconocer al hijo como propio. Curioso enunciado el que propongo, sin embargo, no resulta extraño que en muchas ocasiones se diga que tal niño es más hijo de la madre, o sentir cierta extrañeza ante el carácter de tal o cual hijo o hija. Reconocer entonces, a ese hijo como propio, tenga las peculiaridades que tenga, aceptarlo tal cual es, deseando compartir tiempo con él.

Otra de sus funciones es la clásica “obligación” de poner límites, respondiendo en ocasiones a los reclamos de las madres. Sin embargo, aunque no resulte políticamente correcto, he de decir que muchas veces es tarea del padre también limitar a madres que se comportan de manera arbitraria con los hijos. En la actualidad, no son pocas las mujeres que deciden de manera individual, sin contar con el padre, cómo criar a los hijos y esta elección en solitario no trae sanas consecuencias.

Por último, más allá de la voluntad, lo que se transmite, en esencia, es su manera de vivir la vida y esto es particular para cada hombre. Cada uno tiene sus intereses y aspiraciones, aunque tal vez no estén a la moda, pero son las suyas, cada uno tuvo una familia con una historia y no hay manera de escapar de ella.

Creo que este es el punto sobre el que merece la pena interrogarse, entre lo que la sociedad espera que se haga y las propias convicciones, entre lo que propone la madre y cómo lo haría el padre.

La misión imposible es pretender ser lo que no se es.

Carolina Barrios, psicóloga en Madrid. Consulta en Aravaca y en Chamberí.

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